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An Inconvenient Truth
Antes de comenzar este post, un anuncio:
Listo. Ahora sí, si tú eres ese director o si nomás vienes por aquí a ver qué idiotez se le ocurrió el día de hoy a Salvador Leal, continúa leyendo.
Acabo de ver ‘An Inconvenient Truth’, el documental que hizo Al Gore sobre el calentamiento global. Si ustedes estuvieran leyendo un blog común y corriente, aquí les explicarían cómo el autor del post terminó horrorizado por lo terriblemente cerca que estamos de sufrir en grande las consecuencias de una crisis climática. Luego les diría que el documental está muy muy (MUY) bueno, pues explica de manera bastante un problema palpable y actual. Resulta triste pensar en las miles de consecuencias que provocarán las irresponsabilidades humanas y cómo nuestros hijos (nosotros mismos quizás), ya no vivamos en el mundo en el que estamos acostumbrados a vivir. Y si no me lo creen, pregúntense cómo es que ha hecho tanto calor en el invierno capitalino de la Ciudad de México y también recuerden dos o tres fotos, como éstas.
Si este fuera un blog común y corriente, les diría que compren el DVD, que se lo presten a sus amigos y conocidos, que bajen la película de internet y que la compartan con la mayor cantidad de personas que conozcan. Si fueran maestros, les recomendaría que les proyectaran la película a sus alumnos, a los papás de sus alumnos y hasta aquellos que no son sus alumnos pero que su autoridad como maestros les permite quitarles el recreo y meterlos en un salón a ver el documental.
Pero este no es un blog común y corriente. O por lo menos, nunca lo ha intentado ser. Así que no voy a decir eso.
Resulta que sí, vi ‘An Inconvenient Truth‘ y así como terminé horrorizado, también quedé gratamente sorprendido por lo tremendamente didáctica que fue la experiencia. Está tan bien explicado, que me podrían hacer un examen y lo pasaría con diez sin haber puesto todos mis sentidos a trabajar. Así de bien hecha está.
Pero terminé de verla y después asistí a una ponencia que se intitulaba “¿Por qué México no crece lo suficiente?: Productividad, Competitividad y Crecimiento Económico con generación de empleos“. También interesantísima.
El asunto es que, al final, después de una brillante exposición de por qué México necesita continuar con las reformas estructurales, abrirse aún más a la competencia y disminuir de manera importante el mercado informal, al ponente le preguntaban qué tan optimista era con respecto al futuro de México. El expositor contestó varias cosas, pero una me llamó la atención: “Una razón de peso para tener optimismo es que estuvimos a punto de tener un gobierno que creía que todas las razones que les he dado aquí por las cuales México no crece, eran mera ideología. Ese gobierno hubiera implementado políticas contrarias a la lógica económica más elemental y hubiésemos retrocedido treinta años como país. Si se dan cuenta en esta gráfica, los años que llevamos con una real estabilidad macroeconómica son realmente pocos… y estuvimos a punto de tirar todo eso a la basura y regresar al inicio de la gráfica. Esa es una razón para ser optimistas con respecto al futuro de nuestro país.”

Y ahí fue donde me cayó el veinte. Necesitamos un documental que explique las razones del por qué México no ha crecido de una manera tan didáctica como el documental de Al Gore. Y necesitamos que se propague de una manera importante para evitar que un tipo como Andrés Manuel López Obrador vuelva a engañar a las personas utilizando argumentos falsos pero tremendamente pegadores y populares. Necesitamos que nos expliquen por qué las políticas de libre mercado sí funcionan pero no lo han hecho correctamente en nuestro país, necesitamos que el documental exponga cómo la competencia es buena y el paternalismo gubernamental es malo, necesitamos que alguien nos explique la Economía del país como nunca nadie lo ha hecho antes: de una manera interesante, divertida y convincente.
Economía para todos. Así es como se llama un blog que leo y que escribe Eugenio Gómez. Y eso es justo lo que necesitamos. Nos urge que alguien nos explique claramente por qué las medidas de Andrés Manuel no tenían sentido y por qué sólo siguiendo por el mismo modelo económico podremos lograr el crecimiento que tanto deseamos. Y necesitamos hacerlo antes de la siguiente elección presidencial.
P.D.1 Una idea similar ya había salido en este blog antes, en aquel entonces se llamó “Bowling for Iztapalapa“.
P.D.2 Le pienso y le pienso y creo que el documental tendría que ser una mezcla de ‘An Inconvenient Truth’ y ‘El Mundo de Beakman’.
Bancos
Los bancos mexicanos en México son una versión pequeña pero muy representativa de lo que seguramente es el Infierno. Uno no sabe qué es peor, si el malísimo servicio que dan, las actitudes de los cajeros, los trámites inútiles o las soluciones que intentan darle a todos esos problemas (en Banamex, por ejemplo, ponen a una persona en el módulo donde tomas el ticket del lugar que te toca cuando se supone que el módulo está justamente para evitarse la presencia de una persona; lo mismo ocurre cuando ponen a una señorita a que grite los números de las ventanillas que aparecen en una pantalla… pantalla que fue puesta ahí justamente para evitar los gritos y hacer más eficiente el movimiento de la fila).
En fin, les decía que uno no sabe qué es lo peor de los bancos. Pero afortunadamente el Banco de México sí lo sabe: lo peor de los bancos en México son las comisiones que cobran a sus usuarios.
El día de ayer, el Gobernador del Banco de México, don Guillermo Ortíz (también conocido en los bajos fondos como ‘la Perica’) criticó que las comisiones en México por el uso de tarjetas de crédito sean hasta tres veces más grandes que en los países de origen de los bancos que operan en nuestro país. La nota la pueden encontrar aquí y acá abajito les hice una gráfica con los datos del artículo (ya ven lo ñoño que soy) pa’ que se vayan dando un quemón de cómo (y por dónde) nos atoran las HHH instituciones financieras que le dan servicio a millones de mexicanos.

La columnita amarilla representa la tasa de interés publicada por los bancos en los países que ven ahí: EE.UU. (para Citibank, que aquí en México se llama Banamex), Canadá (para Scotiabank) y el Reino Unido (para HSBC). La columnita verde es una cosa que se llama Costo Anual Total (CAT) y es donde se incluye, a parte de la tasa de interés, otras monadas que cobra el banco sin decirnos, como las comisiones, bonificaciones y descuentos pactados, así como el IVA, primas de seguros, intereses ordinarios y dos que tres cosillas más.
Uno pensaría que en este mundo imperfectamente global, las comisiones pudieran variar entre país y país, de una forma digamos… normal. Pero que el salto sea del 22% al 74% me parece simplemente escandaloso.
Este fue un servicio de la Fundación Salvador Leal para la Economía y las Finanzas, A.C.
Salvador a la moda!
… pues ahora resulta que estoy a la moda!
Veamos el siguiente artículo. Mis comentarios, en cursivas.
“La Economía es la profesión más popular entre los estudiantes”
por Jessica E. Vascellaro
Dow Jones Newswires
5 de julio – ¿Qué vas a estudiar? En todo el mundo la pregunta de rigor para los jóvenes está provocando cada vez más la misma respuesta: economía.
Shit! Ya con este inicio, me amargaron el día.
Los títulos de economía han aumentado 40% en Estados Unidos en los últimos nueve años. John J. Siegfried, catedrático de economía en Vanderbilt University en Nashville, Tennessee, quien le sigue la pista a 272 universidades y escuelas superiores para Journal of Economic Education, encontró que éstas otorgaron 16,141 títulos de economía en el año académico 2003-2004 en comparación a los 10,701 en 1995-1996.
Bueno, bueno… aquí hay que poner un alto! Digo, el otorgamiento de títulos de economía no garantiza que esta carrera esté ‘en onda’, sino puede ser debido a otros factores: la carrera se hizo más sencilla durante estos últimos años, pusieron algún tipo de programa de titulación (a los economistas nos encanta no-titularnos) o, peor aún, se cansaron de tener economistas contaminando el campus universitario y decidieron dejarlos salir.
Desde mediados de los noventa, el número de alumnos que estudia economía en Estados Unidos ha ido en aumento, mientras que el número que estudia ciencia política ha declinado y el número que estudia historia y sociología apenas y ha crecido, de acuerdo a la agencia gubernamental National Center for Education Statistics.
Bueeeeeeno, digo, también… con qué lo están comparando!
Si comparamos la economía con la biblioteconomía o la antropología, pues sí.. ooobviamente va a estar creciendo!
“Ha habido una clara explosión de la carrera de economía”, dijo Mark Gertler, catedrático y decano del departamento de economía de New York University.
Alguien debería explicarle a mister Gertler que lo que explota no es la carrera de economía, sino los estudiantes de economía al estudiarla. Trust me on this one, mister Gertler.
Muchos estudiantes alrededor del mundo se están preguntando sobre los efectos que tendrán sobre ellos las tendencias económicas globales, lo que los lleva a elegir la carrera de economía.
Sabrina de Abreu, una estudiante de Argentina a punto de empezar su último año en Harvard, dijo, por ejemplo, que las experiencias de su país le facilitaron la elección de la profesión a la que deseaba dedicarse.
“Cuando crecía en Argentina mi país entró en una recesión”, dijo. “Entender la economía se ha vuelto una parte fundamental de mi vida”.
Esta parte sí es cierta. Yo no hubiera estudiado economía si no hubiera sido por las tristes condiciones económicas que prevalecen en mi país. De haber nacido en Suiza, Noruega o hasta en Estados Unidos, probablemente me hubiera dedicado a escribir o continuaría como locutor teniendo un salario anual de más de seis cifras… pero bueh, de algo tiene uno que sobrevivir, ¿no?
Otras carreras en Estados Unidos siguen siendo populares pero eso está cambiando. En New York University, por ejemplo, el número de graduados en economía ha aumentado por encima del doble en los últimos 10 años. Con 800 estudiantes, ésta es ahora la carrera más popular.
En Harvard University, la carrera de economía también es la más popular, 964 la escogieron en 2005. El número de estudiantes de esa materia en Columbia University subió 67% desde 1995 y en University of Chicago, el año pasado, un 24% de sus graduados, 240, egresaron con títulos en economía.
Ahora, el dato que verdaderamente revelador aparecería si hiciéramos una correlación entre el aumento de egresados de la carrera de economía y el aumento en crisis financieras, países en quiebra, malas políticas públicas o la infelicidad global del planeta. Estoy seguro de una correlación positiva muy cercana a uno.
La tendencia marca un gran vuelco para la llamada ciencia inexacta y que experimentó una gran disminución en las matrículas universitarias a principios de los noventa mientras el interés en otras áreas, como la sociología, crecía.
Hmmmm… creo que aquí hubo un error de traducción. En efecto, a la Economía se le llama la “ciencia” inexacta (las comillas son mías, je), sin embargo es mejor conocida (y a mí me gusta más el adjetivo) como ‘the dismal science’, o lo que es lo mismo, la ciencia deprimente o sombría. Nice, eh!
Detrás del cambio se ve una clara lectura de la ley de la oferta y la demanda. En una economía mundial llena de incertidumbres, muchos estudiantes ven en esta profesión al mejor vehículo para obtener un empleo seguro y bien remunerado.
Bueh, ni tanto ni tanto. Aunque es buena publicidad a favor de los economistas… si antes nos veían con ojos de interesados, egoístas y money-driven, ahora con mucha mayor razón! En pocas palabras, estamos dispuestos a vender nuestra felicidad y la tranquilidad de nuestra alma por un (and I quote) ‘empleo seguro y bien remunerado.” Ja! Y no sólo eso!! Suban la remuneración y vean hasta dónde puede llegar un economista!
Y a medida que ha expandido su enfoque, hay claras evidencias que estudiar economía se está volviendo cool.
Y finalmente hemos llegado a la verdadera razón por la que puse este artículo en mi blog!! ¿Leyeron? Vuélvanlo a leer!
“…que estudiar economía se está volviendo cool”
Toma chango tu banana!! ‘Cool’. ¿Cómo les quedó el ojo, eh?
Además de investigar los mecanismos que explican la inflación y las variaciones del tipo de cambio, los académicos están usando ahora las estadísticas y el punto de vista de los economistas para entender por qué la gente responde a ciertos incentivos a fin de explicar todo tipo de fenómenos, desde el sida o la obesidad y hasta el terrorismo.
Uno de los libros con mayores ventas en Estados Unidos en la primavera pasada fue “Freakonomics”, en el que uno de los autores, el profesor en economía de University of Chicago, Steven Levitt, examina problemas que van desde la corrupción hasta los luchadores de sumo.
Totalmente cierto y muy divertido e interesante. Desgraciadamente, los economistas que conozco consideran esa rama de la Economía (la que a mí me resulta la más atractiva) como un chiste. Si no hablas de tasas de interés, crecimiento del capital, regresiones y econometría, pareciera que no eres un buen economista. Ahora, debo aclarar que don Steven Levitt no es ningún pionero en el asunto; de hecho, el más famoso economista que se ha dedicado a estos asuntos es el Dr. Gary Becker. Becker recibió el premio Nobel de Economía justo por llevar el análisis económico a (citando Star Trek) lugares a donde nadie había llegado antes, esto es, el lecho conyugal o los semáforos de la calle. Si quieren saber más de estos temas, pueden comprar su libro “The Economics of Life: From Baseball to Affirmative Action to Immigration, How Real-World Issues Affect Our Everyday Life” o, todavía mejor, visitar su blog (que publica, oh sorpresa, junto con Richard Posner)
Pooja Jotwani, recién graduada de Georgetown University, en Washington D.C., dijo que está convencida de que su título en economía la ayudó a conseguir un empleo en la división de ventas y comercio de Lehman Brothers, donde ganará 55,000 dólares al año, el sueldo inicial promedio de la industria sin incluir bonificaciones. Jotwani agregó que su carrera fortaleció sus habilidades para los negocios y le dio “seguridad financiera”.
“La gente está fascinada con la aplicación del modelo económico para analizar una variedad de asuntos, y esto está provocando que la economía se estudie más y más”, dijo Lawrence H. Summers, presidente de Harvard y ex-secretario del Tesoro.
Estos dos últimos párrafos se pueden resumir muy fácilmente: Los estudiantes de economía son jóvenes con una ambición a prueba de fuego.
De acuerdo con National Association of Colleges and Employers los graduados en economía en Estados Unidos ganan en sus primeros empleos un promedio de 43,000 dólares al año. Eso no es tanto como el sueldo inicial para los graduados en informática o ingeniería, quienes pueden ganar más de 50,000 dólares. Aunque esos empleos de informática o ingeniería se ven más amenazados por la competencia barata de trabajadores calificados de India o China.
“Históricamente las tendencias están más conectadas a la percepción sobre las posibilidades de un trabajo”, dijo Marvin Lazerson, historiador de educación y profesor del programa Graduate School of Education de University of Pennsylvania. “El reciente y más obvio ejemplo es el de los graduados en informática que se disparó en los años noventa y declinó dramáticamente a principios de 2000” después del reventón de la burbuja de internet y cuando las empresas empezaron la subcontratación de empleos de programación.
De acuerdo a una encuesta de 2004 realizada por National Association of Colleges and Employers de Estados Unidos, las carreras de economía y de administración de empresas se ubicaron entre las cinco más deseadas, junto a las de contabilidad, ingeniería electrónica e ingeniería mecánica. No solamente los bancos y las aseguradoras expresaron interés en contratar a graduados en economía sino también firmas en la industria minorista o de servicios públicos.
Yei!! Ya lo saben… la economía no sólo es demandada por los empleadores, sino que -recordemos- es cool! Vendes tu alma al diablo, pero a cambio de una buena remuneración y de una alta autoestima (¿qué carrera te da más por tu alma?)
Nicholas Rendler, un estudiante de 19 años de Brown University, en Rhode Island, dijo que la economía le parecía aburrida pero de todos modos escogió una carrera multidisciplinaria combinando economía, sociología y antropología porque cree que la economía es crucial para entender el mundo.
“La economía puede ser muy frustrante, pero es el mundo en que ahora operamos”, dijo.
Aaaaaahhhh, mi estimada Nicholas Rendler, le has dado al clavo! La Economía es tremendamente frustrante… de qué sirve ’saber cómo funcionan las cosas’ si nadie te hace caso o, peor aún, si nadie confía en tí por la misma razón de que eres economista?!
La donna é mobile
Leo en The Economist acerca de la última grabación que hizo EMI Classics de una ópera de Wagner. Pero cuando digo ‘la última’ no me refiero a ‘la más reciente’ sino a ‘la última-ultimísima’, ‘the last one’, the ‘la última y nos vamos’ Wagner opera.
Así como lo oyen, no más grabaciones de Wagner. ¿La razón? Los costos por un lado (la renta de la orquesta nomás les salió en 885 mil dólares) y las bajas ventas de grabaciones en CD por el otro. Resulta que grabar un concierto en DVD es más redituable que meterse a un estudio durante ocho semanas; y cuando hablo de que sea más redituable no es que los DVD’s de las óperas de Wagner se estén vendiendo como pan caliente, sino que la producción de un DVD reparte los costos en varias partes que permite hacerlo más accesible para los inversionistas y la disquera.
Esta situación por supuesto que me pone a pensar.
Yo soy de los locos que creen que los MP3s (y su intercambio) son una forma en la que el mercado alcanza puntos de equilibrio acordes a los nuevos tiempos de la industria de la música. Creo también que las disqueras tendrán que encontrar nuevas fórmulas para producir y comercializar sus productos o se extinguirán. Los músicos comenzarán a tomar la producción y promoción de su material y lo llevarán casi directamente al público con costos bajísimos. Será duro al principio, pero el mercado, así como la vida, will find its way. Así es la vida en el mundo de la oferta y la demanda.
Sin embargo… ¿qué pasará con las grabaciones de cosas para oídos y gustos exquisitos, como la ópera? ¿Desaparecerán junto con sus consumidores? ¿Existirá un momento en el futuro en donde, como el mercado no la desea, la ópera será una música muerta, como lo es el latín para el lenguaje?
A mí, ustedes lo saben, me gusta la música. Vaya, me encanta la música. La ópera incluida. Sin embargo les puedo decir que jamás he comprado un disco de ópera completo… y va a pasar un buen rato para que lo compre. No sólo eso, les podría asegurar que una enorme porción de la población podría (puede) vivir felizmente sin la necesidad de saber o siquiera estar enterados de la existencia de algo conocido como ópera. ¿Triste, no?
Y aquí es donde entra un conflicto aún no resuelto. ¿Qué pasa cuando el mercado deja afuera a diversos jugadores? ¿Qué sucede cuando la ópera estaría (o está) condenada a desaparecer debido a que su intercambio entre agentes no es el suficiente como para costear una nueva producción de Wagner o Verdi o Puccini? ¿Alguien debería subsidiar la producción? Y si es así, ¿cúales serían las razones para subsidiar la ópera y no el son veracruzano o el danzón?
¿Nos encontramos ante el principio del final de una expresión artística motivada por la falta de público? ¿Deberíamos preocuparnos por ello? Se esperan comentarios.
Rebelión
Originalmente iba a hablar de los libros que estoy leyendo; iba a hacer un pequeño resumen del por qué los leo y de cómo van y luego se los iba a recomendar (como lo había hecho hace mucho mucho tiempo). Pero la verdad es que todo eso iba a ser una vil excusa para extenderme en mi recomendación de un libro nomás.
Lo compré porque la autora escribió un libro que me encanta y porque en la portada decía “Primera Edición en Castellano sin Censura”. Fue un libro caro y con el que, durante los días que lo he cargado, he descubierto que el ejercicio y la lectura no están peleados (1113 páginas lo atestiguan).
Pero desde la primera página, me cautivó. Y no miento… la página del prólogo, escrito por Fredy Kofman, dice:
“En la década de los 80, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y el Círculo de Lectores hicieron una encuesta en la que se preguntaba cuál era el libro que mayor influencia había tenido en la vida de los encuestados. El primero en el ranking fue la Biblia; el segundo, este libro. Puedo dar fe de esa capacidad de impacto por mi propia experiencia.
(…)
“Escribir un prólogo para este libro es un gran desafío. La profundidad conceptual de la obra me tienta a hacer disquisiciones metafísicas, epistemológicas, éticas, políticas y estéticas. Pero no creo que estas reflexiones sean lo más conveniente. Para quienes conocen el texto, las palabras de Rand son insuperables y no requiren de exégesis. Para quienes no lo conocen, adentrarse en sus misterios por cuenta propia es el mejor camino.
(…)
“La Rebelión de Atlas es la obra culminante de Ayn Rand. Siendo ya una exitosa novelista, escribirla le llevó 13 años de absoluta dedicación. El discurso central de la obra, que en total tiene 55 páginas, le demandó más de tres años de trabajo febril. Despúes de La Rebelión de Atlas, Ayn Rand no pudo escribir otra novela. Publicó algunos ensayos cortos, pero nada comparable con esta. Rand se entregó a Atlas completamente, y Atlas tomó hasta la última gota de su energía creativa.
Así como Atlas le exigió a Rand un compromiso absoluto para ser escrito, le exige al lector una atención inusual para ser leído. Las más de mil páginas de esta obra pueden resultar desalentadoras para quien no conoce la recompensa que encierran.
(…)
“Leyendo las últimas páginas, me temblaban las manos como si hubiera tomado 10 tazas de café expreso doble bien cargado. Sabía que algo extremadamente significativo había tenido lugar en mi vida. Después de 38 años de vivir con los ojos cerrados, intuyendo que algo estaba mal en el mundo, pero sin saber qué era o cómo combatirlo, por primera vez los había abierto. La virtud y la nobleza de la libertad brillaban tan radiantes que me dolían, quemando mis retinas y penetrando hasta lo más hondo de mi corazón.”
Lo primero que me sorprende es que haya alguien que hable con tanta pasión y cariño de un libro y que sepa externarlo de una manera tan clara. Lo segundo que me sorprende es que voy en la página 230 (apenas llevo una quinta parte del libro) y debo decir que, en efecto, me tiene atrapado. Aún no he llegado a los niveles de éxtasis del autor del prólogo… pero sí lo suficiente como para invitarlos a que junten su lanita (cuesta como tres Harry Potters) y corran este fin de semana por él a su librería de confianza. Vale la pena.
RAND, Ayn, La Rebelión de Atlas, Ed. Grito Sagrado, Buenos Aires, 2004.
¿Quién es Ayn Rand? Aquí.
Compra el libro aquí, aquí o aquí.
..y una cita
Les regalo una cita que encontré el día de hoy:
The ultimate decision about what is accepted as right and wrong will be
made not by individual human wisdom but by the disappearance of the groups that have adhered to the “wrong” beliefs.
– F.A. Hayek
P.D. Si se lo preguntaban… No. Friederich Hayek no tiene nada que ver con Salma. Más info de F.A. Hayek, aquí.
Profiling
Suelo hablar muchas cosas malas acerca de la universidad que tuvo el dudoso honor de tenerme entre sus filas. Y lo hago por muchas razones, comenzando con que estudié la carrera que estudié y en la escuela que estudié por un error de cálculo.
Sin embargo, atesoro dos o tres detalles de mi vida universitaria en el ITAM y una de ellos fue un seminario que llevé con un profesor llamado Javier Bonilla. En su clase aprendí desde biología evolutiva hasta movimientos del tipo de cambio… así de increíble era su clase. Y ahí también conocí el término ‘profiling’.
Básicamente, el profiling es la actividad de recopilación y clasificación de comportamientos humanos… especialmente los comportamientos que tenemos como consumidores. Ja! Y regresamos al leit-motif de este blog: ¿qué tan conscientes estamos de nuestros actos y qué tanto actuamos porque así nos dicen que debemos actuar? Si algo aprendí trabajando en P&G fue lo cuasi-inexistente que es nuestra libertad como consumidores. Lo increíble es que nosotros creemos que decidimos libremente nuestros artículos de consumo cuando en realidad la mayoría de las veces tomamos las decisiones que tomamos porque son las que están al inicio del pasillo del supermercado, a la altura de los ojos del anaquel o porque lo hemos visto anunciado varias veces en la televisión.
Pues bien, el profiling es un arma que tienen las compañías para saber quién eres, qué es lo que te gusta y cómo te gusta (¡Dios mío! ¡¡Hippie globalifóbico sal de este cuerpo!!). En pocas palabras ellos saben ‘what makes you tick’ gracias al profiling. ¿Cómo? Sencillo.
Supongamos que tenemos un individuo al que llamaremos Ramón.
Ramón, como cada quince días, va al Costco a comprar ‘el super’. Ramón hace sus compras de lo más relajado, llega a la caja, paga y se va.
Con esa sencilla actividad, Ramón acaba de aportar toneladas de información a todo aquel que tenga las ganas y -muy importante- los recursos para obtenerla. Por ejemplo, quien compre la información cruzada de esa compra podrá saber, gracias a las compras que hizo/hace/hará:
Si Ramón está casado o soltero, si tiene hijos y cuántos, cuáles son la talla y el color que le gusta para sus kakhis, si utiliza lentes de contacto o compra algún medicamento periódicamente (llámese Tums, Pepto-Bismol o Exedrin), si le gusta comprar comida congelada o prefiere hacerla él mismo en casa, si tienen jardín o vive en un pequeño departamento, si le es leal a la marca de refresco que compra o prefiere una marca más barata… en fin, las posibilidades son tantas como los productos y la combinación de productos que el buen Ramón se llevó del Costco. Y eso sólamente con su membresía… pero si tomamos en cuenta la información que da con su tarjeta de crédito (en qué cajero saca dinero, cuánto gasta en restaurantes, hace compras por internet y qué compras hace, tiene teléfono celular o qué marca de coche tiene y qué tan bien cuidado está) resulta que Ramón lleva varios millones de dólares en información en la cartera.
¿Qué hacen las compañías con esa información? Sacarle hasta la última gota de jugo que se pueda: armar promociones dirigidas a solteros en donde en la compra de 3 refrescos les regalan una botella de ron, sacar nuevos productos que satisfagan las necesidades de los padres de familia con dos hijos y un jardín, fabricar cajas diseñadas para que entren sin problemas en la cajuela de los coches que suelen tener las personas que compran determinados productos, ofrecerles paquetes de avión y hotel con alberca a usuarios que viajan con sus hijos… etc, etc, etc.
Si en alguna ocasión han comprado algo en Amazon.com, tendrán la experiencia un poco más digerida. ¿Se han dado cuenta que cuando entran a la página principal de Amazon en una computadora donde ya han hecho compras con su password… aparecen muchísimos productos que les resultan muy atractivos? ¿Se han dado cuenta que parte del perfil de un producto en Amazon incluye el ‘las personas que compraron esto, también compraron esto otro’? Eso es profiling. Usar la información que ustedes mismos les están proporcionando, para venderles más cosas.
Pero mi choro no termina ahí. Esa era apenas la información que requerían para lo siguiente.
Si ustedes entran en estos días a la página de Amazon.com, encontrarán que pueden contribuir económicamente a la campaña política de cualquiera de los contendientes a las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
“Mmmm… sí, quiero el nuevo DVD del Señor de los Anillos, un libro de Ayn Rand y… ¿por qué no?, donar cincuenta dólares a la campaña de John Kerry”
Hay dos cosas que me llaman la atención de este asunto:
1. El cruce de información que Amazon va a tener con respecto a las preferencias políticas de sus usuarios será tremendo. Van a poder saber qué discos/libros/revistas/juguetes/ropa/mascotas compran los de derecha/izquierda/liberales/conservadores/de centro/indiferentes, y
2. Quien compre esa información… podría crear, en un futuro, a un candidato hecho a la medida de las verdaderas preferencias de las personas.
Y aún no sé qué pensar acerca de este segundo aspecto.
Comentarios… en exlocutor@yahoo.com
Melchor, Gaspar, Baltazar & Mao
Supongo que ya comieron rosca.
Supongo también que a alguien le salió el ‘niño’ (a ustedes no, God forbid!)
Vean el muñequito. Denle vueltas. Vean la calidad con la que está hecho.
A menos que hayan comprando su rosca en alguna pastelería de alta alcurnia donde no venden Rosca de Reyes sino “Royal Fruit Pie”, el monito será básicamente el mismo que han visto desde que tenían uso de razón. Y será realmente chafa, con rebabas alrededor de todo el cuerpo, pedacitos de plástico pegados en distintas partes del cuerpo que hagan que el ‘niño’ parezca saliendo de la pubertad. (no bromeo… a una tía mía un día le salió tremendo agregado de plástico mal derretido en la entrepierna del chamaco)
¿Y a dónde voy con estos comentarios que rayan en la herejía? Pues que si un día de estos, sale en los periódicos algo así como: “Industria 100% mexicana ahogada por chinos: los muñequitos de la Rosca de Reyes dejan de ser hechos en México” nos pongamos a pensar en las razones por las que esto ocurre.
Cuando vean un producto mal hecho de procedencia mexicana, no es sólo una verguenza también es un area de oportunidad para que empresarios extranjeros produzcan mejores artículos.

He aquí el muñequito que provocó toda la reflexión del Día de Reyes.
No les pongo la imagen del muñequito “desarrollado” pues esas me las estoy guardando para cuando publique www.salvadorlealhotpics.com
Jingle Bell Rock
Parece ser que se ha desatado una fiebre por los blogs. Aparte de mi amigo con problemas de personalidad (cfr. “What’s in a name” del 3 de enero) ya hay otros dos cuates que han comenzado a contar sus aventuras en internet.
El primero es un producto importado directamente desde Minatitlán, Ver. que ya tenía una página de internet (una de verdad, no como la mía) en donde además de publicar fotos de sus cuates suele dar rienda suelta a su vena poética.
El otro amigo que acaba de entrar en el rollo de los blogs escribió en su primer post algo que quiero retomar. De hecho, a él lo pueden escuchar todos los días a partir de las seis y media de la mañana por el 102.5fm en la Ciudad de México. Suele tener comentarios inteligentes y divertidos (afortunadamente son más lo segundo que lo primero) que opacan a los ya de por sí opacos conductores del programa.
En su post, mi cuate habla de lo devaluada que se encuentra la Navidad tanto en forma como -especialmente- en fondo. ¿Qué celebramos y por qué?
¿Qué tan conscientes estamos de nuestros actos y qué tanto actuamos porque así nos dicen que debemos actuar? ¿Qué tanta diferencia tenemos con las gallinas que ponen huevos cuando les encienden repentinamente las luces y nuestro comportamiento en cuanto comenzamos a ver arbolitos adornados y escuchar música navideña?
La Navidad está tan devaluada globalmente que en China, un lugar en donde actualmente se tolera más al capitalismo que a la religión, los oficiales del gobierno chino han decidido aprobar la Navidad por ser más un fenómeno consumista que una expresión religiosa (The Economist, December 20th 2003, p. 56)
¿No me digan que no resulta curioso que un análisis de instauración de política no haya generado preocupación el que la segunda fiesta más importante de una de las religiones con más adeptos en el planeta sea instaurada dentro de la ateísima y cerradísima sociedad china?
Quizás se vuelva un tema repetitivo en este blog, pero el núcleo del problema consiste en preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos. Cuáles son las razones por las que tenemos el trabajo que tenemos o estudiamos la carrera que estudiamos, por qué tomamos/comemos/bebemos/esnifamos los productos que compramos, por qué celebramos las fiestas que celebramos.
No quiero verme ni ‘grinch’ ni mocho pues no me reconozco como ninguna de las dos cosas; sin embargo, resulta una lástima que podamos reducir una idea tan grande en un concepto tan vano. Digo, hasta para la persona menos interesada, la Navidad le podría resultar impactante tanto teológica como literariamente (un Dios que manda a su hijo a nacer entre las peores condiciones no suena al clásico cuento de hadas)… para que al final de cuentas todo se convierta en un pretexto para trabajar medio mes, comer mucho, beber más y gastar a todo lo que da.
Y si ustedes me dicen que uno de los propósitos de la Navidad sí se cumple pues finalmente te da una oportunidad de convivir con tu familia y tus amigos… quizás tengan un poco de razón. Pero entonces estoy realmente ardido por no haber podido celebrar con ustedes tan importantes fechas.
¿Y será cierto que las drogas destruyen? I
Me han llegado varios comentarios (lo cual en cierta parte es bueno, pues significa que ya hay personas leyendo esto) acerca de algo que dije ayer. Cito la entrada del 3 de enero: “(…) y asi evitar que los multiples productos que consumo y que matan neuronas hicieran un trabajo a todas luces irreversible”
Este comentario hizo que repentinamente se levantara la voz de más de un preocupado que pensó que el tiempo que trabajé en Televisa había causado estragos demasiado profundos (léase, que había caído en el oscuro y caro mundo de las drogas). Lamento decepcionarlos (a los que, alarmados, me enviaron correos) pero lo más fuerte que me he metido han sido pericazos de Canderel y fue un día que de verdad no tenía nada mejor que hacer.
Sin embargo, el asunto de las drogas es un tema que me apasiona. El manejo que los medios, el gobierno y la sociedad en la general le ha dado a un tema tan delicado como las drogas es algo que me enoja y me llena de indignación pero que al mismo tiempo me hace reflexionar acerca de qué tan estúpida es nuestra sociedad para creer lo que la mala publicidad gubernamental y mediática les dice.
A mí me enseñaron a dudar de todo lo que me dicen… especialmente cuando la fuente de información es el gobierno y obedece a intereses que van más allá de mi conocimiento. De ahí viene el título de esta entrada… ¿sí serán tan malas las drogas? ¿Vale la pena hacer campañas que propagen el miedo en lugar de propagar una información objetiva y científica? ¿Preferimos ser tratados como indigentes mentales y que nos digan qué sí podemos consumir y qué no… aunque no nos den razones?
Como muchos de ustedes saben, por razones que recaen en el campo de la teoría económica, yo estoy a favor de la despenalización del mercado de las drogas. Si no estoy de acuerdo en la forma en la que el gobierno y los medios generan miedo entre la población con respecto al tema de las drogas, mucho menos estoy de acuerdo en cómo el gobierno ha llevado a cabo la ‘lucha’ contra este mercado.
Abordar el problema desde el lado de la oferta sin modificar políticas del lado de la demanda, hacen de la denominada ‘guerra contra las drogas’ una guerra cara que está perdida de antemano; donde los principales interesados en mantenerla viva (y que, por lo tanto, se oponen a la despenalización de las drogas) se encuentran dentro del mismo gobierno (pónganse a pensar un poquito: supongamos que el Cereal Trix es nocivo para la salud y está prohibida su comercialización y que ustedes son parte del “Escuadrón de la Lucha Contra el Cereal Trix”. A ustedes les pagan por acabar con el Conejito Trix y por luchar contra los comerciales de Trix y hasta por regular y limitar el uso del cartón para las cajas de cereales por la posibilidad de que alguien las pueda utilizar para guardar en ellas las deliciosas bolitas de aglomerado de masa de arroz y azúcar. Si ustedes y su familia viven de que esta batalla contra el Trix se dé, ¿creen que van a ponerse muy contentos si legalizan la comercialización del Cereal Trix? Si el gobierno para el que trabajan le da al “Escuadrón de la Lucha Contra el Cereal Trix” alrededor de 6 MIL MILLONES DE DÓLARES al año para financiarlos… ¿ustedes creen que se pondrán muy contentos cuando ya no sea necesario tener a ese Escuadrón pues el mercado será legal?)
En fin, este blog ya se alargó más de la cuenta. Mi punto es: no caigan en el juego de ‘las drogas destruyen’. No hay nada mejor que la información. Yo soy fan de un organismo español financiado por el gobierno catalán llamado Energy Control, dedicado a la divulgación de los efectos reales de las drogas.
Siempre que discuto este tema, las personas salen con el asunto de: ‘lo que pasa es que se requiere educación’. Esto es totalmente cierto. Ahora pregúntense: qué educa más, el miedo o la información? Eduquémonos
*Nota* La cifra de 6 mil millones de dólares es el presupuesto que se destina en E.U. para a lucha contra las drogas. México gasta alrededor de 770 millones de dólares anualmente con los mismos fines