Ustedes ya lo han de saber, pero yo tengo teorías para casi todo.
En lo que a la relación México-EE.UU. se refiere, yo creo firmemente que una integración económica entre estos dos países es prácticamente innevitable antes de los próximos 50 años. Y antes de cien años, creo que esa integración económica se traduciría en la creación de una misma entidad geo-política. Un mismo “país”, si así se le quisiera ver.
Mi teoría es absolutamente cuestionable, se aceptan opiniones y críticas, pero no me quiero clavar hoy en eso. En lo que me gusta pensar no es tanto si esa situación se va a dar o no (puesto que yo soy un convencido de que en 100 años seremos, como dijera Timbiriche, “uno mismo”), sino en las consecuencias -particularmente las culturales- a partir del hecho.
Y dentro de las consecuencias culturales que algo así traería, me encanta pensar en la competencia de Libre Mercado® que se daría entre las fiestas mexicanas y las fiestas norteamericanas. Digo, al final de cuentas, las celebraciones religiosas/sociales/históricas forman parte de una sociedad y esas celebraciones se encuentran -como todo- sujetas a leyes de oferta y demanda que les permiten ser exitosas y sobrevivir, o fracasar y terminar siendo una fiesta que nadie celebre.
Me explico un poquito.
El Día de los Inocentes es una ‘celebración’ con tintes religiosos pero que ha sobrevivido debido a que es divertida. Existe un incentivo (que no es económico, pero que existe) para que la celebración se mantenga y sobreviva aunque año tras año menos personas le sigan el chiste. Por otro lado tenemos a La Navidad®. Existen todos los incentivos para celebrar la Navidad: los económicos (a la economía en su conjunto le conviene el consumo de fin de año), los sociales (existen presiones sociales impresionantes alrededor de la celebración) y los lúdicos (aceptémoslo, todos estamos de un humor *especial* y nos encanta trabajar medio mes y salir de vacaciones). La Navidad es una celebración exitosa, con los mejores incentivos para continuar y perpetuarse per secula seculorum.
Pero aquí estamos comparando dos celebraciones que no compiten entre sí. Y este post trata, justamente, de qué pasaría si, estando México y Estados Unidos fusionados en una sola entidad, pusiéramos a competir dos celebraciones similares. Algo así como un ‘Celebrity Death Match’ pero entre el 4 de Julio y el 16 de Septiembre. ¿Quién ganaría y por qué?
En pocas palabras, y siguiendo con el ejemplo, ¿qué festejaremos en el 2108? ¿El 4 de Julio o el 16 de Septiembre y por qué? Y si encontramos el por qué, ¿podríamos generar las condiciones para que las celebraciones mexicanas le ganen, uno a uno, a las celebraciones gringas?
No voy a ahondar mucho en el tema (finalmente es una teoría que estoy desarrollando), pero creo que estoy en condición de decir que Santa Claus claramente le ganará a los Reyes Magos. Por mercadotecnia, por atracción, por desarrollo de los personajes y hasta por identificación (siempre es mejor echarle la culpa a UNA persona que repartir la responsabilidad entre TRES), el producto “6 de enero, Día de los Reyes Magos” está destinado a desaparecer.
Por otro lado, creo que el 16 de Septiembre tiene muchísimas posiblidades de ganarle al 4 de Julio, aunque no está fácil. Necesitaría retomar la fuerza que en EE.UU. tiene el “Cinco di Mayou” y generar alguna dinámica de democratización de fuegos artificiales para triunfar. La Semana Santa es una de esas festividades que serían fácilmente retomada por los gringos y medio mezclada con su tradicional Spring Break. Sería similar al caso del Thanksgiving, celebración que nosotros no tenemos pero que podríamos mutar de alguna forma.
Y todo este choro me lo eché porque, según yo, en un mano a mano, el Día de Muertos habría de desaparecer frente a la refinadísima máquina de vender que es el Halloween. Y era de esas batallas que tenía claras desde un inicio debido, justamente a todos los incentivos que hacen del Halloween una celebración más atractiva para el consumidor que el Día de Muertos.
Hasta que vi una foto tomada por Wil Wheaton en el epicentro mismo del entretenimiento estadounidense. Véanlo ustedes mismos: una ofrenda y unas calaveras en pleno Disneylandia…

No cabe duda. Ese será un final de fotografía!!
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