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Adentro
Últimamente me ha dado por compartir mis lecturas virtuales en Google Reader. El GReader, contrario al blog, se actualiza prácticamente todos los días (algunas veces varias veces al día) porque todo el tiempo estoy leyendo algo en la computadora.
Me gusta compartir lo que leo con mis amigos y mi familia, así que no me basta con ponerle esa etiqueta de ’shared’ que marca el GReader, sino que también se los mando por mail y muchas veces lo termino posteando en Facebook. Creo que sin quererlo en un inicio, pero ahora bastante conscientemente, quiero decirle al mundo que me rodea “soy lo que leo… y esto es lo que soy, hoy”.
Supongo que por eso me he vuelto más fanático del GReader que del Twitter (también disponible aquí, cómo de que no). Porque creo que darle a tus contactos las lecturas que estás haciendo (o las imágenes y videos que estás viendo) es como dejar pequeñas migajas de pan, pistas de lo que estoy pensando durante estos momentos. Algunos días es tipografía y arte, otros es política o literatura. Es mucho menos directo que decir EXACTAMENTE lo que estás haciendo o pensando en ese momento, y por eso creo que también es más elegante
No me he puesto a hacer una clasificación de los temas que me gustan/inquietan/llaman la atención, pero supongo que apenas son un puñado que se repite por ciclos. GReader me ha dado la oportunidad de, en mi imaginación, ser algo que siempre quise ser: editor de un periódico. No tiene nombre ni planilla de escritores fija, no tiene instalaciones ni sala de redacción… sin embargo tiene el corazón de un periódico: información. Ir por la vida preguntándole a la gente si ha leído mi GReader se me hace tan pretencioso como preguntarles si ya leyeron mi blog, mi twitter o mi status de Facebook, pero creo sentir la misma satisfacción que tiene un editor de periódico al estar en una conversación con amigos que hablan de algo que puse en el GReader unos días antes. En pocas palabras, vivo su misma fantasía: la información que es relevante para mí, lo es para otras personas.
Tengo la percepción de que pocas personas usan el GReader porque tengo pocos contactos ahí. No sé si estoy equivocado o sea el seguimiento del argumento de que ya nadie lee y por lo tanto ya nadie comparte lo que lee. Estoy convencido de que saber qué es lo que lee/ve/escuchan otras personas (particularmente personas que nos parecen relevantes) es indispensable. ¿Qué lee nuestro Presidente? ¿Qué películas le gustan a nuestros legisladores? ¿Qué artistas son la fascinación de nuestros ministros de la corte? ¿Qué concierto no se pierden nuestros secretarios de estado? ¿Cuáles son los sitios de internet que no pueden dejar de visitar los que ya se encuentran en la adelantadísima carrera presidencial?
A mí me gustaría saberlo. Así como me gusta saber lo que leen mis contactos del GReader. Así como me gustaría saber qué leen los que leen SL.com.
Comin’ back
¡Y que regreso al blog!
Perdón, perdón. Siento mucho haberme ausentado pero Twitter (y el trabajo, y la maestría, ajem) han ido consumido cada vez más el tiempo que le dedicaba a mi juguete virtual. Además, más que escritor de un blog, poco a poco me he vuelto más bien un lector profesional de blogs y contenidos web; con el Google Reader y Facebook puedo compartir lo que leo que, finalmente, dice muchísimo de lo que traigo en la cabeza. Claro, faltaría un post para amarrarlo, pero o leo, o escribo, o trabajo.
Resulta que en un poquito más de un mes, mi blog cumplirá seis años. Un sexenio nomás. Supongo que habrá que hacer campaña para ver si me reeligen por otro periodo, je. En el transcurso de los próximos días trataré de ponerme al corriente en mis posts atrasados. Tengo en los drafts un par de anécdotas que sé que serán del gusto del respetable y que nomás encuentre unos minutos para redactarlas, estarán arriba. Mientras, recurriré a la lista de “cosas que tengo que postear algún día” para contarles lo que me ha llamado la atención en estos meses de ausencia.
1. Seguro que ustedes están familiarizados con los husos horarios, esta serie de gajos en los que está dividido el planeta y que permite saber cuántas horas de diferencia hay entre un país (o una ciudad) y otro. Por ejemplo, si ustedes están en México y quieren saber qué hora es en Londres, uno le suma seis o siete horas, dependiendo de la época del año. Para NY son una o dos, etcétera.
Sin embargo, buscando la diferencia de horarios con Venezuela me enteré que uno tiene que sumar una hora y media a la hora de México. Es decir que Venezuela dijo “para qué usar husos horarios completos si podemos usar también medios husos horarios”. Raro, pensé. Pero resulta que no sólo Venezuela tiene esta fea costumbre de agregarle o quitarle medias horas al horario del resto del mundo, la lista de lugares del mundo en donde hacen algo similar son:
1. Hawai, -9:30 horas con respecto al meridiano de Greenwich
2. Canadá (Hora del Este), -3:30
3. Venezuela, -4:30
4. Irán, 3:30
5. Afganistán, 4:30
6. India, 5:30
7. Sri Lanka, 5:30
8. Nepal, 5:45
9. Myanmar, 6:30
10. Australia (hora central), 9:30
11. Nueva Zelanda, 12:45
Y como pueden ver, no sólo usan medias horas. A Nueva Zelanda se le ocurrió usar husos horarios de cuarenta y cinco minutos!! Alguien en el Observatorio de Greenwich debe estar estresadísimo con eso…
2. Junto con viejos amigos de batalla, escribimos el piloto de una serie cómica de televisión. La idea tiene muuuucho potencial ahora nomás falta encontrar una productora que quiera hacer el piloto y una televisora que quiera comprar la serie. Nomás. La verdad es que escribir comedia es de las cosas más complicadas pero también de las más divertidas que hago. Para el piloto tuvimos más de seis tratamientos prácticamente distintos el uno del otro y no fue sino hasta el séptimo que más o menos estuvimos de acuerdo todos en todo. El único problema que tenemos es que es demasiado largo; una serie cómica de televisión dura 22 minutos, lo que significa un guión de 18 páginas. En nuestro último conteo, el guión era de 47 páginas.
3. Descubrí que lo mío, lo mío, lo mío, es aprender. Así de ñoño y así de directo. Aprender. Cualquier actividad que me permita aprender algo es una actividad que quiere estar en mi lista de cosas por hacer. He comezando, por ejemplo, a aprender de tipografía. Ahora sé que las letras tienen ojos, colitas, hombros, piernas, espinas y brazos. Y si no fuera tan mal dibujante, estaría a tres de comenzar a fabricar mis propias tipografías. Mientras tanto, he comenzado a acumular odio diario contra la Times New Roman. Estoy a nada de formar un grupo de Facebook en contra de esa tipografía fea.
4. Y hablando de Facebook, me saca mucho de onda que gente que yo conocía en la primaria/secundaria/prepa/universidad, esté en FB. Lo que me freakea es ver que X y Y sean amigos en Facebook mientras que en la vida de la primaria/secundaria/prepa/universidad no se toleraban (en el mejor de los casos) o terminaron a golpes (en el peor). No logro hacerme de una imagen mental de mis compañeritos de escuela ahora crecidos, con trabajos, esposas e hijos. Cualquiera que los hubiera visto en alguna comida de la prepa no hubiera dado un quinto por ellos y ahora son respetables (o “respetables”) jefes de familia. Facebook y su capacidad de unir personas que no tienen absolutamente nada en común más que un perfil en línea y un ligero saludo por el pasillo de una escuela en 1996, merece un largo ensayo que algún día haré.
5. Otro ensayo que tengo muy pendiente es sobre Ayn Rand y por qué los mexicanos deberíamos leerla más. El escrito sería un primer paso, pero también ha cruzado por mi mente la posibilidad de una fundación que se dedique a a) comprar y regalar a escuelas los libros de Rand y b) a darle cursos a maestros para que puedan guiar a sus alumnos en la lectura de los libros. Creo fervientemente que a este país le hace falta leerla para así irnos quitando ideas anquilosadas del imaginario nacional.
6. Este ha sido el año en el que cumplí treinta años y estoy a cuatro meses de cumplir 31. Debo aceptar que me ha gustado esto de tener 30; claro, no dejo de tener muy presente que es justo en esta época de la vida en la que uno, como dijera un personaje Héctor Aguilar Camín en ‘La Guerra de Galio’, “pasa de ser una joven promesa a un pobre pendejo”.
Para quienes se estresan -como yo- pensando que a sus treinta años no han revolucionado la forma en la que se mueve el mundo, les dejo este link de las personas que tuvieron éxito después de los treinta años. Siempre es mejor recordar que Han Solo (bueno, Harrison Ford) tenía 34 y no que Mozart triunfó a los 4 años.
7. Leí en el blog de Andrés Lajous, una descripción perfecta de este blog (y todos los demás, para tal caso): Tras un rato de leerlos me pregunto otra pregunta zizekiana ¿que no lo blogs sirven para reflejar las mentiras que nos contamos a nosotros mismos sobre nosotros mismos? (link, acá)
8. Finalmente, y no más porque los quiero harto porque no han dejado de visitar este blog, les dejo un cover BOENÍSIMO. Púchenle al play.
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Old School

Debo confesar que ver ese logotipo de nuevo me trajo viejos recuerdos…
Gorjeo
Pues sí, pa’ que negarlo… ahora también estoy en Twitter. Y eso ha hecho que descuide este lugar. Damn! Perdón, blogcito, te juro que en cuanto me aburra de twittear -o encuentre un nuevo distractor- regresaré para acá.
Mientras, soy @salvadorleal
Invitado
Agustín Fest, también conocido en los bajos mundos de la blogocosa como Arboltsef invitó a una serie de personas (y a mí) a escribir con un tema en particular en su blog. Lo hace como un tipo de celebración por la cantidad estúpida de años que cumple su blog de estar al aire.
El Árbol nos contactó, nos preguntó si queríamos participar y una vez que caímos redonditos, nos mandó el tema por correo electrónico. Mi tema era “Perras Deseosas”.
(pausa dramática)
Seh, así como lo oyen.
Si han leído a Agustín, sabrán que su blog es harto sexoso así que el supuse que dentro del pull de temas a repartirle entre sus invitados, habría cosas relacionadas con… pues con… pues así, con mujeres y deseo y tal. Lo que nunca pensé es que me fuera a tocar ese tema. Y una vez que me tocó y que medio me quejé (y que mi medio queja no fue pelada), me pasé gran parte del tiempo que nos dio para escribir el post en ver cómo diablos entrarle al tema.
El resultado, lo pueden leer aquí. A ver qué les parece.
Situado de Fresa
- Pues yo vi los primeros cinco capítulos de Fringe y me pareció ‘meh’
- (acento argentino) Y sí, los primeros diez capítulos están de ‘meh’… Pero después llegás al once y la serie se vuelve fenómeno.
Por supuesto que ya estoy viendo cómo diablos me siento a ver todos los capítulos de Fringe. Quien me estaba recomendando la serie no era cualquier persona. Es más, hoy dudo que sea una persona-como-la-conocemos. A quien tenía platicando a mi lado, recomendándome series, hablándome de su vida, de su forma de escribir y hasta de curiosidades del lenguaje, era a Hernán Casciari. Sí, ese que escribe Orsai.
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Todo comienza con mi imposibilidad patológica de recordar una cara o un nombre. Debido a esa imposibilidad (que muchos llaman imbecilidad), yo voy por la vida ‘conociendo’ a la misma persona cinco veces. Seis si la persona aguanta la majadería de que yo no la reconozca después de habernos presentado en múltiples ocasiones.
“Hola, mucho gusto, soy Salvador Leal” es lo que digo una vez y otra vez. A eso casi siempre escucho un “sí, nos conocimos en la comida de Fulanito”, “claro, fuimos a la universidad juntos”, “justo ayer nos vimos”, “soy tu primo, wey”.
Y como yo no reconozco a nadie, persona que me agrega en algún medio social (Facebook, Messenger, etc.) prácticamente la acepto sin chistar. Para mis adentros pienso que seguro es alguien que acabo de conocer, que me está agregando y que yo no le voy a hacer la grosería (otra) de no aceptarlo como amigo. Y como ahora uso Digsby, pues la gente que me manda mensajes puede estar en prácticamente cualquier plataforma tecnológica, desde GTalk hasta LinkedIn, y yo no distingo a las unas de las otras.
Así, el martes pasado, me llegó un mensaje de alguien que medio santo y seña de mi vida durante los últimos cinco años. Lo mejor fue que la última vez que nos vimos, ella estaba metida en una botarga de hormiga y corría por una pista de atletismo. Y por impactante que les parezca la imagen, mi terrible memoria nomás no la registra. Sea como fuere, me recordó quién era y me puso sobre la mesa una oferta difícil de aceptar. Hernán Casciari, Orsai Oh Orsai, estaría unas cuantas horas en territorio mexicano, se vería con esta chava y me invitaba a platicar con él.
Aquí cabe un pequeño paréntesis. Varias veces he escrito en este blog que odio a Orsai (link, aquí). Y por supuesto que el tema salió a colación. Sí, lo odio con todo mi ser. Lo odio como se puede odiar a alguien con un porcentaje de bateo perfecto, con textos redonditos, con una obra de teatro que triunfa en Buenos Aires y que media Latinoamérica está comprando los derechos… y con un trabajo ‘formal’ en donde le pagan por ver televisión.
Y si sus textos son simplemente geniales, su conversación es justo como uno se la hubiera imaginado con un cuate así: deliciosamente alocada. A lo largo de casi cuatro horas y acompañados por una jarrita de clericot, Hernán nos platicó de sus inicios en el periodismo económico, de la intersección de su vida real con su vida en línea, de cómo se avergüenza de que personas como nosotros (como yo) lo consideremos grande entre los grandes, de su gusto por el tabaco fuerte y de las diferencias entre el verbo ’situar’ y el verbo ‘licuar’.
Lo que más me llamó la atención fue descubrir su pasión por escribir para todos. De incluir a la mayor cantidad de personas a la fiesta en la lectura de sus textos. “No escribás con el adjetivo más complicado; no se trata de demostrar que sos el más inteligente, sino que podás contar una historia y que la contés bien”, nos dijo. Su obstáculo son los localismos, pero su deseo es lograr contar historias universales, sencillas pero que toquen algo que todos tenemos o que todos compartimos. Me encantó su sencillez y al mismo tiempo su seguridad en sus textos. Platicamos de cómo quisiera tener el hábito de acercarse una grabadora y hacer anotaciones mentales, de sus encuentros con su Mr. Hyde interno que le deja recados en su celular y de su sorpresa al enterarse que su obra “Más respeto que soy tu madre” en Buenos Aires tiene a personas durmiendo fuera del teatro esperando boletos.
¿Y a qué vino Hernán? Simple: a firmar para que hagan esta obra acá en México. Es la sensación del momento. Creo que en algún momento se lo dije: Hernán, eres un rockstar, eres U2. Pide que de tu regadera salga agua Evian la próxima vez que vengas a México.
No creo que lo haga. Hernán es un gran tipo. No le gusta salir de casa así que cuando sale, su cabeza seguramente está pensando en cuándo va a regresar, no en si quiere que sólo haya M&Ms rojos en su cuarto de hotel. Lo que sí es prácticamente seguro es que Hernán regresará cuando la obra se estrene. Y ahí sí, llamaremos a todo el mundo, y su tía, para que vengan a ver el buen tipo que es.
Corre por mi cuenta.
2009
1. Pues comenzó el nuevo año y este blog nomás no había posteado. Lo siento, trataré de hacer un recuento de las múltiples cosas que han pasado y verán que he tenido muchas razones para no haber escrito.
2. Como nos habíamos quedado en la última serie de posts, me titulé. Ahora sí, la gente por la calle me puede decir ‘licenciado’ sin temor a equivocarse o herir susceptibilidades. Nomás me tomó cinco años y tres temas de tesis distintas pero al final quedó. ¿El tema de mi tesis? Etiquetado de transgénicos. Groundbreaking y breathtaking, lo sé. Tengan en cuenta que mi primer acercamiento a la titulación incluía una investigación de campo en países musulmanes; y si con esta última línea no se convencen de que me gusta complicarme la vida, no sé qué más necesitan.
Mientas que hordas de economistas de mi generación hacían maestrías (hasta dos) y doctorados, yo todavía no me titulaba. ¿Cómo era eso posible? me preguntaban mis allegados. Aaaaahhh, contestaba yo, lo que pasa es que ninguno de mis colegas contemporáneos ha estado cinco años escribiendo un blog. Porque justamente, ese es otro de las cosas que sucedieron en estas últimas semanas…
3. Mi blog cumplió cinco añotes. Un lustro de mantener y shinear (y revampear) SalvadorLeal.com no cualquiera. En el blog he encontrado un espacio para aventar pa’rriba las ideas que se me ocurren, las cosas que veo y -poquito- las cosas que me pasan. Creo que, haciendo un balance, los cinco años de mi blog dan resultados bastante positivos; no porque me haya ahorrado una lana de terapia (aunque también), sino particularmente porque gracias al blog me he podido encontrar con una gran cantidad de personas talentosas, divertidas e inteligentes que de ninguna otra forma me hubiera topado.
Leerlos primero y conocerlos después, han sido de los fenómenos más extrañamente agradables a los que me he visto expuesto. Supongo que es una nueva forma de hacer amigos que, como la Sección Amarilla, funciona y funciona muy bien. Un abrazo grande, grande, tan grande como el blogroll de la derecha que leo religiosamente, a todos mis amigos, panas, comparsas y colegas bloggeros. Nunca cambien, valen mil. Y si cambian, no duden en postear sus razones (je).
4. Otra de las razones por las que no me había titulado podría haber sido la falta de necesidad. Resulta que para estudiar una maestría uno debe estar titulado de una licenciatura (duh) y pues yo ya tenía hasta mi credencial de (neo)alumno de la maestría pero de mi título ni sus luces. Vaya, nada como ponerle algo de emoción al asunto de la titulación: si no te titulas no sólo no serás licenciado sino que tampoco podrás entrar a la maestría y los bocadillos y bebidas de la recepción tendrán que tirarse a la basura o dársela a los niños pobres.
Viéndolo de otro lado, en estos cinco años no dejé de ser ‘alumno’ y cuando finalmente tengo la oportunidad de dejar de serlo, decido inscribirme en una maestría para mantenerme en el redil. Ahí les dejo el dato para su interpretación favorita.
5. Diciembre también marcó otra fecha de celebración: llevo seis meses yendo al gimnasio. Como en otra ocasión les platiqué, Martha y yo nos inscribimos en un ‘fitness club’ que más bien es el centro social más vibrante del momento; yo lo considero ‘el Califa de los gimnasios’ pues no hay día en donde no me encuentre a alguien conocido. A Javier Solórzano ya no me lo he encontrado, pero la otra vez estuve conviviendo con Zague en los vestidores y hasta miembro de la Selección me sentí. Y si no me encuentro a nadie famoso, no falla que está algún exalumno del CUM, o del ITAM. Me cae que un día de estos hasta un blogstar me voy a encontrar en las caminadoras.
6. Por cierto, hablando del gimnasio, aún no se sienten las multitudes que pusieron “hacer ejercicio” en el primer lugar de su lista de propósitos para el año nuevo. No sé si sea la crisis o que simplemente no les ha dado tiempo de ir a que les den el tour por el lugar. En pensamientos aleatorios adicionales, la otra vez llegué a las 6 de la mañana y había COLA para entrar al lugar!! ¡¡COLA!! Háganme el favor. Los sportjunkies son toda una raza que me sorprende día a día.
7. Para no fallarle este año, comenzamos con dieta baja en carbohidratos para eliminar los kilitos acumulados. De vuelta al queso panela a la plancha, las ensaladitas y las comidas altas en proteínas. Adiós a las tortillas y el pan. Adiós, pues, al 70% de la comida mexicana. Si todo sale bien, con esta dieta y el ejercicio, para el 2012 estaré listo para posar en la portada del Men’s Health.
8. El 2009 también marca una nueva temporada de “La Vida Irreal de Salvador Leal” (traducida en otros países de habla hispana como “La Culpa de Todo la tiene Salvador Leal”). En esta nueva temporada, aparte de una maestría, nuestro joven protagonista cumple 30 años y sus escritores deciden que es hora de ponerle un poco de ‘Friends’ a su serie mudando no a uno sino a dos de sus amigos al mismo edificio donde él vive. Y no a cualquier tipo de amigos, no señor. A los cuates con los que escribe un sitcom. De la nada, eso se convierte en un sitcom acerca de escribir un sitcom. Es como “Nobody’s Watching” pero en México. A ver qué pasa.
9. En mis vacaciones se me ocurrieron varias ideas. Una de ellas (la más pegadora) la publicaré en el siguiente post. Seguiremos informando…
Bienvenido
Seguro que ya lo vieron y/o lo escucharon. Lo posteo aquí porque la canción me ENCANTÓ. Soy fan. Refan, de hecho. El video viene de la primera entrega de YouTube Live!
El blog
Cualquiera que haya tenido algún tipo de problema relacionado con escribir un blog personal se puede llamar, con todas sus letras, un bloggero. Y hay un tema que un bloggero simplemente no puede soltar porque es un tema con el que le cuesta trabajo lidiar: la autocensura.
Junten a dos o tres de sus cuates bloggeros; junten a un grupo de bloggers en un Chelas & Blogs y verán que, de repente, la conversación se vuelve de reunión de Alcohólicos Anónimos en donde cada uno va contando lo difícil que le resulta vivir cosas que no puede publicar por temor a que alguien se enfade, a que le traiga problemas en la chamba o a que después pueda ser usado en tu contra.
Ejemplos sobran en esos momentos. Digo, creo que muchos leímos, cuando abrimos nuestra cuenta en Blogger (que aún no era comprada por Google, those were the days) una serie de recomendaciones que comenzaban con un sencillo “no seas estúpido, piensa dos veces las cosas antes de publicarlas”. Y uno no hacía caso y de repente, del comentario más inocente (o el más divertido, en la mayoría de los casos), llegaban amigos y conocidos a reclamarte “oye, si la fiesta te aburría tanto, ¿por qué fuiste?”, “no puedo creer que pienses eso de mí… porque ese del que escribes obviamente soy yo”, “tus tías son tan agradables y tú las describes como verdaderos monstruos”, “oye, yo también estaba en esa aventura y nomás no aparecí jamás!”.
Así que, después del quinto enojo, uno aprendía a guardarse ciertas cosas y no publicarlas, sabiendo que le causarían problemas. Uno, hay que afrontarlo, escribe con un poco de tiento (por no decir “miedo”). Pero, además, sucede un fenómeno curioso. Cuando llega el clásico tipo que comenta que tu post apesta, tienes la capacidad suficiente de decir “hey, imbécil, si no te gusta, vete a leer a otro lado”. Claro, cuando llega alguien ‘en la vida real’ a reclamarte, lo único que atinas a responder es algo así como “esteeee, sí… bueno, yoooo… es que ese no eres tu; de verdad!”. Patético.
Conozco varios casos en que la cosa no termina bien. O para el bloggero o para el blog. Unos dejan de escribir para siempre, a otros se les pasa después de un rato y deciden volver a publicar pero “ahora sí, anónimo, para que nadie se entere”. Eso es lo que les dicen a sus contactos de messenger y compañeros de crimen. Por que ese es otro. Los que escriben blogs (aquí incluyo mis filias personales) nos sentimos un poco Clark Kent y Superman; de día somos Alicia, Elsa, Christian, Armando o Luis, unos mansos trabajadores en las filas laborales y por las noches nos convertimos en Alice, Yosola, Semidios, WOMS o Huevo, ácidos observadores de la realidad en la que vivimos.
De esto se desprende que la tarea del bloggero no es apta para personas con delirio de persecusión. Uno que lleva el suficiente tiempo en esto, sabe perfectamente cuántos llegaron a su blog buscando palabras clave en el último post o a través de una búsqueda en Google con su nombre verdadero. Y, alguien con verdadera obsesión podría estar preguntándose todo el día cuántas personas de su oficina saben que, uno, además de ser un disciplinado burócrata, también escribe sandeces en internet.
Si en mis manos estuviera, propondría que en la siguiente Semana de la Comunicación de alguna universidad, o Coloquio de Blogs, o Encuentro Bloggero o algo así en donde la gente se junta a platicar del presente y futuro de la blogocosa, yo organizaría una mesa redonda en donde la gente pudiera exponer sus frustraciones (y opiniones también) generadas por la autocensura a la que se ven expuestos los escritores de blogs personales.
Yo nomás me dedicaría a moderar la conversación. Obvio. ¿Quién les ha dicho que este es un blog personal?
Sick-o
Alguien en internet hizo una pregunta inocente. Supón que matas a alguien y tienes que deshacerte del cuerpo. ¿Cómo le haces? El problema de hacer preguntas inocentes (o necias) en internet, es que corres el peligro de que alguien, que parece tener mucha experiencia, te responda:
First, be smart from the very beginning. Pulverize all teeth, burn off fingerprints, and disfigure the face. Forcing a DNA test to establish identity (if it ever comes to that) might introduce the legal/forensic hurdle that saves your ass down the line. An unidentifiable body can, in a pinch, be dressed in thrift store clothes and dropped in a bad part of town where the police are less likely to question it. I don’t reommend that disposal method, I’m just saying an easily identifiable body is an even bigger threat than the opposite.
Assuming you have it inside a house where you can work on it a bit, the first thing you want to do is drain it of fluids. This will make it easier to cut up, and slow decomposition a little bit. The best way to do this quick and dirty is to perforate the body with a pointed knife, and then perform CPR on it. Cut the fronts of the thighs deep, diagonally, to slit the femoral arteries. Then pump the chest. The valves in the heart will still work when dead, and the springback of the ribcage can put apply a fair amount of suction to the artria. Do this in a tub. Plug the drain, and mingle lots of bleach with the bodily fluids before unplugging the drain to empty the tub. This should help control the stench of death, which would otherwise reek from your gutter gratings. Do everything you can to control odors. Plug in an ionizer, burn candles, leave bowls of baking soda everywhere. Ventilate the room in the middle of the night, but otherwise keep it closed. Keep the body under a plastic sheet while it’s in the tub.
If you want to bury, I recommend seperating the body into several parts, and burying them seperately. For one thing, it’s easier to dig a deep enough hole for a head than for an entire body. this reduces your chances of being discovered while you are actually outside and digging the grave.
That is the one thing you can’t do inside the doors of your house, and represents a vulnerable moment you want to keep brief, under 2 hours. Do it between 3 and 5 am. It’s also less likely for someone to call the police if their dog digs up some chunk of meat, than if they dig up an enitre body. They may assume it’s an animal carcass disfigured by decomposition, and leave it alone or dispose of it. It’s also more likely that the dog will consume all of it before anyone knows the difference. A whole skeleton is another story. You can cut a body into 6 pieces faster than you think. It’s not much different than boning a chicken, but it takes more work, a big knife, and time. A hammer will be useful for pulverizing joints or driving the knife deep where it doesn’t want to go. Anyway it’s wise to crush as much of the skeleton as you can along the way. It will aid in making the body less identifiable for what it is as it decomposes.Don’t return to the same site 6 times for 6 burials.You’ll attract suspicion from anyone nearby, and you’ll wind up placing the body parts close enough together to be found by any serious investigation. Put them in plastic bags with lots of bleach, and store in a freezer until you have enough time to bury them all.
Depending on what tools you have available, you may find that you’re get really good at deconstructing the body. You might prefer to slowly sprinkle it down a drain without leaving your house. This avoids the long-term risk of discovery associated with burial, and the overwhelming supply of bacteria in a sewer accellerates deconomposition, whil e providing a convenient cover smell.
Truly grinding down a body takes a lot more work, and you run the risk of fouling your plumbing and calling in a plumber. So don’t try it unless you know how to clear bones and meat out of a drainpipe. A good food processor can be useful. But don’t over-use it, or power drills or saws. They’re noisy and they attract attention. And forget the kitchen sink. It’s better if you actually remove one of the toilets in your house from its base, which will give you direct access to one of the largest sewer pipes that enters your house. Follow any disposals with lots of bleach and then run the water for 5 or 10 minutes on top of that. And plug that pipe when you’re not using it, to prevent any sewer gasses from backing up into your house. Usually, a U-trap inside the toilet does that for you.
Si lo tuviera, este post estaría en la categoría ‘pointless but scary’.

