Awkward
Hace unos días fue el cumpleaños de mi jefe. Se celebró en forma con un pequeño convivio que duró no más de 30 minutos. Eso es un detalle que me gusta de mi chamba: todos entendemos que la cosa es venir a trabajar y no a socializar (arriba los antisociales!!) así que no convivimos más que el tiempo justo que nos toma dar un respiro y regresar a nuestras múltiples actividades.
En fin, ese mismo día, a la hora de la comida, salí al Mixup a comprarle un regalo de cumpleaños. Yo regalo discos porque así como hay personas que te regalan un suéter o unos calcetines, a mí me gusta regalar discos. Punto. Creo sinceramente que hay pocos regalos mejores que la música y quienes me conocen personalmente saben lo importante que es ésta en todos y cada uno de los instantes de mi vida.
Pues ahí va Salvador al Mixup por el disco para su jefe. Nótese que el asunto es delicado porque no le estoy regalando un disco a cualquier persona, sino a El Jefe®. Me pasé las dos horas que tengo para comer escogiendo el disco perfecto, tomando en cuenta la personalidad del festejado y lo que le podría gustar o no. Al finalizar, tenía dos opciones:
- La opción A era la opción fácil. He escuchado lo que mi jefe oye mientras trabaja y sabía perfectamente que ese disco le iba a gustar. El único riesgo era, de hecho, que mi Jefe ya tuviera el disco.
- La opción B era la opción “vamos a ampliar los horizones musicales de mi Jefe”. Y sí, como se pueden imaginar, era la opción arriesgada. Era un disco que tenía frontera con gustos convencionales, pero con un twist de modernidad.
Analicé algunos puntos más y decidí irme por el lado arriesgado. Total, no sé si ya se los he dicho, pero mi segundo nombre es Osado… así que compré la opción B. La envolví y se la dejé en su escritorio con una tarjeta.
Pasó el tiempo y, como bien dice el dicho, no news, good news; es decir, pensé que el disco había pasado sin problemas por el filtro musical de mi Jefe y listo. Pero no. Hoy llegué a una mini junta con él en donde aprovechó para agradecerme el disco y decirme que lo comenzaría a escuchar justo en ese momento. Mientras decía eso, rasgaba la envoltura del CD y lo ponía en su Mac. Yo, obviamente, quería correr.
Y la razón por la que quería correr es simple. No hay nada, NADA peor que ver la cara de alguien a quien no le ha gustado un regalo que le has dado. Vaya, ni siquiera la probabildiad de que le guste el regalo y salte de felicidad vale el encontrarse en una situación en donde todo podría salir exactamente al contrario. Y lo puso. Y creo que jamás voy a olvidar la expresión de su cara.
Bravo, Salvador Osado Leal. Sigue tratando de “ampliar los horizontes musicales” de tu jefe.
Gotan Project - Mi Confesión


