La mayor preocupación que yo tenía a los 6 años, era poderme levantar lo suficientemente temprano como para que el camión de la escuela (el glorioso Instituto México) no me fuera a dejar. Dicho camión (el número 8, por cierto) pasaba entre 7 y 7.10 de la mañana, lo que significaba que para ese entonces yo tenía que estar vestido, peinado y desayunado desde hacía rato.
Por razones que desconozco, pero que fueron tremendamente útiles y que conservo hasta el día de hoy, mi papá solía despertarme con música. Así pues, a eso de las seis y cuarto, encendía el radio de mi cuarto y ponía alguna estación que no tuviera noticias. Un día, no mucho tiempo después de haber entrado a primero de primaria (ca. 1985) mi papá sintonizó el 1060 de AM que transmitía un programa diseñado específicamente para ayudarle a los niños a despertar. El programa se llamaba ‘De Puntitas’.
‘De Puntitas’ tenía música, cuentos (la mayoría de ellos, prehispánicos), entrevistas, tips y detalles curiosos pensados para atraer la atención de un chamaco de seis años. Desde aquél primer día, quedé cautivado con el programa.
Una de las características más interesantes de tal programa era que sólo tenía un conductor que llevaba el programa durante su media hora de duración. Dicho conductor hacía todas las voces: las de conejo y las del coyote en las leyendas mexicanas, las de los entrevistados y las de los animales en las fábulas y la de básicamente cualquier otro participante en los chistes, tips y anécdotas que se contaran durante el programa.
La música también era una parte muy importante, pues no crean que pasaban los ‘éxitos del momento’ ni mucho menos. Las canciones eran verdadera música para niños cuando a este género aún no habían llegado ni Tatiana ni Ivonne e Ivette. Más que música para niños era música bien hecha que podía ser disfrutada por niños. Y además era hasta subersiva! Recuerdo una canción (con ritmos folclóricos latinoamericanos) que hablaba de un ratoncito (chiquito, chiquito) que se metía a las computadoras del Banco Central y provocaba la parálisis de la economía nacional. La canción terminaba con un verso que decía algo así como “imagínate qué no haríamos tú y yo!”
El conductor de ‘De Puntitas’ era un locutor de nombre Emilio Ebergenyi que, descubrí después, se dedicaba con particular éxito a ser la voz institucional no sólo de la estación en donde se transmitía ese programa (Radio Educación) sino en general del ambiente cultural en México. Fue debido a Emilio, y particularmente a la magia radiofónica desplegada con ‘De Puntitas’, que mucho tiempo después quise dedicarme a la radio, a sacudir la imaginación de las personas como me tocó vivirlo durante las mañanas antes de tomar el camión que me llevaba a la primaria.
Nunca conocí a Emilio Ebergenyi, pero como suele suceder con los personajes de radio, lo considero un compañero entrañable y alguien *importante* no sólo como parte de mi infancia sino como punto de referencia en las decisiones radiofónicas/profesionales que he tomado. Si en algún momento quise parecerme a alguien estando al aire, mi ejemplo siempre fue él, tratando de lograr un punto medio entre el entretenimiento y la cultura y reflejando lo que sucede en el mundo del ciudadano común y corriente.
Emilio murió la semana pasada. Suena extraño pues, aunque nunca lo traté, la noticia me puso realmente triste… y no encuentro otra manera de quitármelo de la cabeza más que escribiendo y compartiendo lo importante que fue este cuate para mí.
Si quieren, pueden escuchar algunas de las repeticiones de ‘De Puntitas’ los sábados a las 9.30am o estar pendientes al homenaje que le rendirá la estación de radio en la que trabajó por más de 30 años.
Compartelo