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La vida irreal de Salvador Leal

Idea Genial No. 6,011

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La siguiente idea es para todos aquellos paranoicos que viven en la Ciudad de México.

Como ustedes saben, el problema de los robos, asaltos y secuestros en el Distrito Federal es particularmente intenso. Digan lo que digan (y eso se lo pueden preguntar a cualquier chilango promedio) el nivel de violencia y número de crímenes de esta ciudad no ha bajado a pesar de todo lo que López Obrador y sus partidarios digan. Esa es la neta. (Y miren que me cuesta trabajo dejar a un lado todo el resentimiento que le traigo al señor, eh!)
La cosa es que, entre los habitantes del D.F., subirse a un taxi es estar en una versión postmoderna de la Ruleta Rusa… uno nunca sabe si el taxista es un amable viejito que te hace plática mientras te lleva a tu destino o un criminal depravado que, después de haberte robado y golpeado, te arrancará los genitales para comérselos (ey! es una ciudad difícil!). Sea como sea, yo no me subo a un taxi a menos que ese día me haya tomado mi dosis personal de Felix Felicis (inserte aquí un guiño a los fans de HP) o que realmente tenga la necesidad de hacerlo.

Pues bien, hoy se me ocurrió una manera que puede hacer de tu viaje en taxi chilango un poco más segura. ¿Qué se necesita? Un mínimo de actuación y un celular. ¿Listos?

Antes de tratar de detener el taxi en la calle, sacas tu celular y comienzas a fingir una conversación vía telefónica (“get into character” le dicen en el medio); un taxi se detiene, te subes en la parte de atrás y le dices al celular “espérame tantito”. Volteas con el taxista, le dices a dónde vas y luego luego le dices al celular “mira, me acabo de subir aquí en la esquina de Insurgentes y Porfirio Díaz, sí… ya tienes la pluma, okey, las placas del taxi son [aquí dices el número de placas que, o viste antes de entrar en el taxi o que lees del engomado que está en la ventana del taxi]… ajá, es un taxi ecológico, bien… lo viene manejando un señor que se llama [lees el nombre del permiso que el taxista trae colgado en el tablero del auto] y tiene el permiso número [ídem]… sí, sí, ya te dije que voy rumbo a mi oficina… ajá… okey… okey… órale, nos vemos, bye”

Luego, te volteas con el taxista y le dices “híjole, perdóneme que haya tenido que dar todos sus datos por teléfono, pero ya van varias veces que me [inserte aquí su crimen favorito] en un taxi y pues ahora llamo cada vez que me subo a uno… así, si me tardo o no llego, mi familia ya tiene los datos del último lugar en el que estuve… y cuénteme ¿cómo va la chamba?”

Digo, no es una técnica infalible, pues las placas y el permiso pueden ser falsos, o al taxista le puede valer sorbete que le hayas dicho a tu familia los datos del taxi. Pero creo que la técnica ayuda a que, en caso de que el taxista sea un gañán, lo piense dos veces antes de hacerte algo y eso te da esperanza! ¿O qué? ¿A poco no sabían que esta es la Ciudad de la Esperanza?

Written by Salvador Leal

julio 26th, 2005 at 2:59 pm

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